Hace mucho que no hablamos del euro. Su cotización frente al dólar alcanzó un máximo relativo reciente el 25 de enero de 2018 y, desde entonces, se desvió de la trayectoria que, según una comparación histórica evidente, le correspondía.

Después, durante los doce últimos meses todo se le volvía desfavorable: 1) el diferencial de tipos de interés de interés de largo plazo entre la deuda publica de EEUU y la de Alemania se ampliaba, hasta llegar a niveles no vistos desde 1987, dos años después de que la cotización del dólar alcanzara su máximo esplendor desde que se decretara su flotación libre frente a las demás monedas en 1973 (lo que sucedió apenas dos años más tarde de que se declarase su no convertibilidad en oro); 2) la guerra de aranceles entre EEUU y China que parecía obturar la solución tradicional de depreciación del dólar como vía de resolver los conflictos comerciales y de reequilibrar la balanza comercial de EEUU; 3) el enfrentamiento del gobierno italiano (salido de las urnas en marzo pasado) con la Comisión Europea que hacía temer una nueva crisis en la eurozona, del tipo de las vividas entre 2010 y 2012, y que llevaba a los más alarmistas y euroescépticos a pronosticar la salida de Italia de la Unión Europea; 4) la perspectiva de una grave desestabilización económica de la Eurozona como consecuencia de la salida del Reino Unido de la Unión Europea; 5) la desaceleración económica en Alemania, vía de transmisión de la desaceleración China hacia Europa, y así sucesivamente.

No ha bastado para impedir la debilidad del euro ningún argumento contrario, ni siquiera que el Presidente de EEUU proclamara a los cuatro vientos que quería un dólar débil y tipos de interés más bajos en EEUU, amenazando a gritos por los pasillos de la Casa Blanca con destituir al Presidente de la Reserva Federal.

Pero ayer, de repente, el euro se revalorizó casi un 1% frente al dólar y todo empieza a tomar otro color. ¿Es ya el comienzo de la apreciación tendencial del euro frente al dólar?

Así debería ser, aunque reconozco que, tras un año proclamando desde esta Newsletter que el dólar tenía que depreciarse sin que lo hiciera, la afirmación puede parecer poco fiable. Pero todo llega. Paso a paso, a la hora señalada, como decía Ovidio. Y es que hay un elemento importante ya a favor de la apreciación del euro: la Reserva Federal parece que ha decidido hacer una pausa en la subida de tipos de interés que puede durar hasta el mes de junio. Al menos eso es lo que se desprende de las actas de la última reunión de su Comité de Mercado Abierto, publicadas ayer.

También, las negociaciones de EEUU con China seguro que están tomando en cuenta la cotización del yuan renminbi frente al dólar como un elemento más con el que aproximar posiciones y Donald Trump empieza a necesitar locamente resultados en ese frente, so pena de que se le echen encima las próximas elecciones presidenciales con resultados nulos en su “bonita guerra comercial”.

En fin, de fondo, se trasluce un argumento histórico que surge de las guerras comerciales de EEUU: todas terminaron con una devaluación (en los tiempos de los tipos de cambio fijos) o con una depreciación (cuando los tipos de cambio ya eran flotantes) del dólar frente a las demás divisas. Da lo mismo que se tratara de la guerra comercial desencadenada por la Smoot-Hawley Tariff Act de tiempos del Presidente Herbert Hoover en junio de 1930, que terminó con la gran devaluación del dólar en 1934, que de la subida de aranceles de Nixon en 1971, a la que siguieron dos devaluaciones del dólar y su libre flotación. También en tiempos de Ronald Reagan y en los de George W. Bush las tensiones comerciales se terminaron con una fuerte depreciación del dólar.

De ahí que sea bastante claro que lo mismo va a suceder ahora. La única duda es si la arrancada del euro de ayer es ya el momento de su gran subida o si habrá que esperar aún más. De si ha llegado ya o no “la hora señalada” de Ovidio.

Ceo que sí, pero debo reconocer que, tras un año esperándolo (y tras haber aconsejado una inversión del 90% de su cartera en eurodólar para el fondo Multiciclos Global Renta 4) algo hay de “wishful thinking” (pensamiento desiderativo) en mi respuesta. Solo que esta vez el estrechamiento del diferencial de tipos de interés entre EEUU y Alemania, por un lado, y el final del QE del BCE por otro, parecen acudir en ayuda del euro. También el patrón de comportamiento que se muestra en el gráfico apunta en esa dirección. Ainsi soit-il!