La mejor opción para entender dónde estamos en el ciclo económico es analizar la evolución del índice S&P 500 desde 2007.

El gráfico expone tres fases:

  1. La crisis financiera que hunde al índice hasta el nivel de cotización más bajo desde el año 2000.
  2. Fase recuperación con el presidente Obama que lleva al índice hasta el nivel de 2100 puntos
  3. Fase expansión con el presidente Trump hasta el área de los 2800 puntos.

En la fase de recuperación, la política económica americana combina una política monetaria ultra expansiva, inundando la economía con dinero creado en la Reserva Federal bajo el programa de expansión cuantitativa, con una política fiscal ultra expansiva, con gasto financiado por endeudamiento, en niveles que supera en varias ocasiones los límites establecidos por el congreso americano.  A pesar de la expansión monetaria y el gasto, la inflación no aparece de forma significativa. Sí, en cambio, la actividad económica reacciona y las tasas de paro empieza a descender de forma significativa. En los últimos años de esta fase crecen las expectativas de un cambio en la actitud de la Reserva Federal y las bolsas fijan un primer alto en camino.

La fase de expansión se inicia con la era Trump.  Los temores a una desaceleración económica global desaparecen cuando se reafirma la voluntad de moderar la normalización de la política monetaria, primero con una eliminación gradual de los impulsos monetarios y, segundo con una subida acomodada de los tipos de interés.  La política fiscal queda definida por una expansión de gasto en infraestructuras y un descenso generalizado de los impuestos a personas y a sociedades.  El endeudamiento público vuela a máximos históricos y la política monetaria comienza a ser percibida como un instrumento más de las autoridades políticas. La pretendida independencia de los presidentes de la Reserva Federal termina de forma clara cuando las presiones de Trump contra un endurecimiento de la política monetaria se airean en la prensa y los miembros del consejo se definen abiertamente en el despacho oval.  En este periodo se asocia de forma directa el nivel de la bolsa con un efecto riqueza en la sociedad.

El año 2018 ha marcado la segunda parada en el camino de la expansión económica y de los mercados financieros americanos. La política monetaria de los bancos centrales de Estados Unidos y Europa se define por la confianza en una salida definitiva de la crisis financiera y por la vuelta a niveles más altos de los tipos de interés. El ciclo europeo está más retrasado, pero Mario Draghi anuncia un final a su programa de expansión. Sin embargo, en el mes de diciembre la sombra de una recesión aparece por el horizonte y todo lo anunciado queda en entredicho. Trump, mirando a sus elecciones del próximo año, se pone nervioso y aumenta la presión, ahora de forma descarada, para parar y variar la dirección de la política de la Reserva Federal. En dos meses, pasamos de esperar una subida de tipos de interés a un inicio de una nueva fase de expansión monetaria.

Está claro que, como hemos comentado en otros informes, el mensaje es confuso. Desde 2018, el índice S&P ronda un nivel máximo, con intentos de romper al alza en enero y septiembre de 2018 y marzo de 2019.  En este punto las preguntas son varias: Primero, por la realidad de la desaceleración o incluso recesión en algunas economías, segundo, por la realidad de una falta de cambio estructural que acompañe tanta intervención económica y, con ello, la sombra de una desaceleración con origen en deficiencias estructurales que no reaccionan a los antídotos de política keynesiana y, finalmente, si rompe al alza, por las expectativas de ganancia, pues, dado el gráfico parece que el área de venta es más apropiada que las posiciones prolongadas de compra.